Él era esos escasos momentos en los que se paraba el tiempo. Por un momento decides correr siempre en la dirección que él escoja, decides acercarte tan despacio que ninguno pueda aguantar la mirada y acordarte de todos esos momento que te derrumbaste, que fuistes destruída por su culpa, que caíste en la cama dejando correr las lágrimas por tu cara. Pero también te acuerdas de lo que habeis sido y de lo mucho que lo has querido... sentimientos tan fuertes que te dejan sin habla, que te incitan a besarlo, a comerlo con la mirada. Te acuerdas de su holor, de lo cerca del oído que te susurraba te quiero, te acuerdas de como todos los ojos celósamente apuntaban a vosotros mientras os besabais, de cuando corrías como una loca de su mano y os reíais juntos, de como gritaba que eras suya a todo aquel que se girara al verte.
Y por un instante, algo se acciona, cada uno toma una dirección pensando que después los caminos se volverán a unir... y llega el puto invierno. Entonces te das ceunta que nunca volverás a sentir lo mismo, nunca tendrás la sensación de estar a tres metros sobre el cielo.
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